sábado, 13 de agosto de 2016

Tomar el sol CUIDADO

 La conocida como "depresión invernal", se trata de un estado cíclico producido por la falta

de luz solar que afecta, en diferentes grados, a hasta un 20% de la población, sobre todo

 en los lugares de mayor latitud, con inviernos prolongados y pocas horas de luz diurna. Los

 síntomas van desapareciendo gradualmente según van siendo más largos los días y, para

 cuando llega al fin el verano, son apenas un mal recuerdo.


 El sol no solo hace posible la vida; la hace, también, más llevadera. El problema es cuando

 parece que nunca tenemos bastante, por más informados que estemos acerca de sus 

 riesgos. De hecho, la luz solar puede ser, especialmente en verano (cuando más fuerza

 tiene y más la hemos echado de menos), una auténtica droga. Literalmente.


 El hallazgo parece explicar por qué muchas personas pueden sentir un deseo instintivo de 

 pasar horas tomando el sol, a pesar de los conocidos riesgos para la salud que ello 

supone.

 "Esta información podría servir como un medio valioso de educar a las personas para que 

reduzcan la excesiva exposición al sol, con el fin de limitar el riesgo de cáncer de piel, así

 como el envejecimiento prematuro de la misma que se produce con la repetida exposición

 al sol", dijo el autor principal del estudio, David Fisher, del Hospital General de 

 Massachusetts y la Universidad de Harvard (Estados Unidos).


Cáncer, envejecimiento prematuro... Pero también fuente de vitaminas esenciales, ayuda 

para las defensas del organismo, un factor importante en la mejora de nuestro estado de

ánimo.


                                                 CONSEJOS:

Moderación:

 La única defensa totalmente efectiva contra las consecuencias negativas de la exposición

 al sol es la moderación. Según un estudio recién publicado en la revista científica Nature, y

 en el que ha participado una investigadora del Instituto de Neurociencias, centro mixto de

 la Universidad Miguel Hernández de Elche y el Consejo Superior de Investigaciones 

 Científicas (CSIC), el poder de los rayos del sol es tan fuerte que ni las cremas solares de

 factor 50 –el máximo– protegen completamente contra el melanoma. 


Berta López Sánchez-Laorden, coautora del estudio, asegura que el uso de estas cremas

protege contra los daños inmediatos de la radiación, como las quemaduras solares, pero

añade que esta radiación "puede penetrar, dañar el ADN de las células y provocar cáncer".


Cremas protectoras:


 En cualquier caso, el uso de cremas protectoras, combinado con exposiciones moderadas

 al sol, gorros para proteger la cabeza y gafas de sol adecuadas, sigue siendo fundamental,

 y es importante elegirlas y utilizarlas correctamente. Para ello existe el llamado Factor de

 Protección Solar (FPS), que aparece en las cremas solares y otros productos

 fotoprotectores, y que sirve para determinar el tiempo que podemos estar al sol sin

 quemarnos. 


  La elección del fotoprotector idóneo dependerá del tipo de piel y de la cantidad

 de radiación UV. Se recomienda escoger siempre una crema de protección solar Alta (FPS

 30) o Muy Alta (PFS 50+), y con filtro físico para los niños menores de dos años y químico

 para el resto de la población. Dependiendo de la sensibilidad cutánea de cada individuo, la

 dosis de radiación incidente, el ángulo de incidencia del sol y la duración de exposición al

  sol, se deberá aplicar una crema u otra.


El tiempo:

 Lo más importante es evitar las horas de mayor incidencia solar, es decir, entre las once de

 la mañana y las cuatro de la tarde. Además, las primeras exposiciones al sol deben ser

 progresivas, en periodos de 10, 15 y 20 minutos, y preferiblemente en movimiento. No es

 recomendable más de media hora al día de exposición directa. Puede ser útil recordar que

 cuanto más cortas son las sombras (porque el sol está más alto), más peligroso es el sol.



Maneras de aplicar la crema protectora:

Antes de tomar el sol se debe evitar el uso de productos que contengan alcohol y perfumes,

 como colonias o desodorantes, ya que pueden dar lugar a manchas oscuras en la piel

 Además, la piel debe estar correctamente hidratada, limpia y sin maquillaje. Las cremas

 protectoras deben aplicarse unos 30 minutos antes de la exposición solar, que es el tiempo

 que tarda la piel en absorberlas, y se debe repetir la aplicación siempre después de un

 baño o de una excesiva sudoración. 


 Según la encuesta Avène Hábitos Solares 2014, el 98% de la población española usa

 protección solar, pero una gran parte desconoce cómo hacerlo correctamente:  el 30% no 

 se renueva de forma adecuada la protección, y solo un 5% declara ponerse mucha

 cantidad de crema.


 Es preferible no exponerse al sol con el pelo mojado o húmedo, ya que los rayos

 ultravioletas hacen más daño al cabello cuando éste no está seco, y es aconsejable

 hidratar la piel convenientemente después de tomar el sol, mediante una ducha y la

 aplicación de crema hidratante.


Días nublados:


 Las cremas de protección solar deben usarse también en los días nublados, puesto que,

 como se ha mencionado, la radiación ultravioleta atraviesa las nubes.


 Se debe tener en cuenta asimismo la reflexión de la radiación UV por parte del agua, la

 arena o, especialmente, la nieve. Son importantes tanto la radiación solar directa como la

 llamada radiación difusa, reflejada por el suelo.



Gafas:


 El uso de unas gafas de sol adecuadas es imprescindible para proteger los ojos de la

 radiación solar, sobre todo en el caso de los niños menores de 12 años, ya que hasta esa

 edad el cristalino es especialmente transparente, lo que favorece la absorción de

 radiaciones UV.


 Hay que tener en cuenta que un color de lente muy oscuro no garantiza automáticamente

 que las gafas filtren correctamente la luz UV, y que, en caso de no hacerlo, la pupila

 dilatada (al no llegarle tanta luz visible) recibirá aún más radiación UV.


 Más que la mayor o menor oscuridad de la lente (o que el precio de las gafas), lo

 importante es comprobar que las gafas de sol que vamos a usar incluyen una serie de

 códigos de seguridad, entre ellos, la marca "CE", que garantiza el mínimo de calidad en la

 UE; el Estándar Europeo sobre Gafas de Sol –UNE-EN 1836:2006+A1:2008 –; la

 referencia al filtro para la radiación UVA; y el número de categoría de filtro, o factor de

 absorción –entre 0 y 4–. Según datos ofrecidos por la Asociación Europea de Gafas de

 Sol, el 30% de las lentes solares que se comercializan en España provienen de

 mercadillos o puestos callejeros y no pasan los controles sanitarios adecuados.




Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2180017/0/sol/verano/consejos/#xtor=AD-

15&xts=467263


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